Un análisis de riesgo global advierte que la prolongación del conflicto en Medio Oriente podría detonar una recesión sincronizada: la combinación de alzas fuertes en los precios de la energía y disrupciones en las cadenas de suministro reduciría la actividad económica en varias regiones.
En el escenario más adverso, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial podría caer hasta cerca de 1.4% en 2026, mientras que la inflación global se elevaría hasta alrededor de 7.7% si los precios energéticos permanecen muy altos durante meses.
El documento indica que el precio de referencia Brent podriá promediar cerca de 113 dólares por barril en el segundo trimestre si persisten las interrupciones en el suministro, y que un déficit de oferta podría alcanzar hasta 13 millones de barriles diarios en un plazo de seis meses bajo un escenario de cierre prolongado del paso del petróleo.
Los efectos incluyen menor consumo privado por el encarecimiento de combustibles, presión sobre las cadenas de suministro y mayor volatilidad en los mercados financieros, lo que complicaría la decisión de los bancos centrales entre contener la inflación o apoyar la actividad económica.
En términos regionales, las economías exportadoras de hidrocarburos sufrirían contracciones importantes, mientras que grandes importadores verían un deterioro en su crecimiento; por ejemplo, se proyecta que el ritmo de expansión de China podría reducirse hasta alrededor de 3.4% en el escenario adverso.
El análisis subraya que, aunque la economía global mantiene cierto grado de resiliencia, la magnitud del choque energético y la duración del conflicto son determinantes: una escalada prolongada transformaría un choque de oferta en una crisis geoeconómica con efectos generalizados para 2026.
