Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán previstas para arrancar el viernes en Islamabad afrontan incertidumbre por la falta de confirmación sobre la llegada de algunas delegaciones y por discrepancias sobre cuál propuesta servirá de marco para el alto el fuego, mientras la violencia en la región continúa generando consecuencias humanitarias y riesgos para el tránsito marítimo.
El alto el fuego pactado por ambas partes contempla una pausa temporal de las operaciones y la apertura limitada del estrecho de Ormuz para facilitar las conversaciones; sin embargo, el alcance y las condiciones del acuerdo han sido objeto de contestación entre las partes, lo que ha hecho que la tregua sea calificada de frágil.
Plataformas de monitoreo marítimo registraron un cruce muy reducido de buques por Ormuz tras el anuncio del alto el fuego; los recuentos públicos varían (desde reportes de apenas dos embarcaciones hasta otros que señalan más movimientos puntuales) y coinciden en que el tráfico permanece muy por debajo de los niveles normales, lo que indica una reapertura cautelosa y condicionada a autorizaciones.
En el frente terrestre y aéreo, oleadas de ataques atribuidos a Israel en territorio libanés provocaron un número elevado de víctimas según distintos recuentos oficiales y de salud pública; las cifras difundidas por autoridades y organizaciones oscilan, en los recuentos más recientes, entre varias centenas de muertos en una sola jornada, lo que ha incrementado las tensiones regionales.
Las partes mantienen posiciones contrapuestas sobre la inclusión de Líbano en el alto el fuego: Irán y algunos representantes iraníes han afirmado que Líbano forma parte del acuerdo, mientras que Estados Unidos ha negado que la tregua abarque automáticamente ese frente. El vicepresidente estadounidense, JD Vance, declaró que, “si los iraníes están dispuestos a trabajar con nosotros de buena fe, creo que podemos llegar a un acuerdo”, y advirtió sobre la fragilidad del proceso.
El presidente de Estados Unidos subrayó además la condición de una reapertura segura del estrecho de Ormuz como requisito básico para consolidar la tregua, y las autoridades iraníes han emitido advertencias sobre pasos no autorizados por la vía. Todo ello mantiene el alto el fuego en una fase de prueba inmediata: las negociaciones en Islamabad y la evolución del tránsito por Ormuz serán indicadores clave para determinar si la pausa se consolida o se desmorona.
