El 16 de abril de 2026, el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol, advirtió que Europa podría disponer de “quizá unas seis semanas más o menos” de combustible para aviones si las entregas por el estrecho de Ormuz siguen interrumpidas, y señaló que pronto podrían registrarse cancelaciones de vuelos.
Birol calificó la situación como la mayor crisis energética que ha enfrentado el mundo en décadas y vinculó la escasez de combustible para aviación con el bloqueo temporal de suministros de petróleo y derivados en la región del Golfo Pérsico. Advirtió además que el impacto se traducirá en precios más altos de la gasolina, el gas y la electricidad.
Según la AIE, aunque algunos países europeos mantienen varios meses de inventario de combustible para aviones, el flujo internacional depende de rutas clave y de la disponibilidad de cargamentos desde el Medio Oriente. Si las restricciones persisten, la ventana de seis semanas mencionada por Birol —aproximadamente hasta el 28 de mayo de 2026— marca un horizonte en el que algunas rutas y operadores podrían verse forzados a reducir capacidad.
El sector aéreo ya ha alertado sobre medidas de contingencia: aerolíneas y asociaciones del transporte han hablado de recortes de rutas, cargos por combustible y ajustes de capacidad para afrontar alzas de precio y menor disponibilidad de queroseno.
Qué sigue: la evolución dependerá de la reapertura de las rutas marítimas y del retorno de los envíos de crudo y derivados. Las aerolíneas recomiendan a los pasajeros seguir las comunicaciones oficiales de sus compañías y consultar el estado de los vuelos antes de viajar.
